Con la llegada de las redes sociales, los políticos han establecido vínculos directos con los ciudadanos, eliminando la necesidad de intermediarios. Un ejemplo notable es Javier Milei, cuyas redes sociales tienen más interacciones que publicaciones orgánicas. En 2021, el 90% de sus publicaciones en Twitter eran retuits, según datos del grupo Agendas. Muchas de las imágenes que comparte en Instagram son creadas por sus seguidores, lo que le otorga una poderosa conexión e identificación que los medios de comunicación tradicionales no pueden igualar.
En 2023, nuestros estudios revelaron que más de un tercio de los votantes porteños de Milei no leen diarios. Prefieren seguirlo a él directamente en las redes, reflejando una baja confianza en los medios tradicionales. La misma investigación destaca que tanto para los votantes de Massa como para los de Milei, el periodismo no solo informa, sino que también opina, lo que refuerza el escepticismo hacia los medios tradicionales.
Este fenómeno subraya la hiperpersonalización de la política, donde los candidatos logran una cercanía con sus seguidores a través de la interacción directa en redes sociales. Los medios, aunque con más seguidores en sus plataformas, no logran el mismo nivel de interacción ni comparten el contenido de sus seguidores, manteniendo una lógica de comunicación unidireccional propia de la era 1.0.
Un político que utiliza efectivamente las redes sociales, interactuando con su público, compartiendo contenido cuando es etiquetado, respondiendo mensajes y generando debates, desarrolla una cercanía con sus seguidores que ningún medio puede igualar. Entonces vale la pregunta, ¿de qué son un medio, los medios de comunicación? Por el consumo que aún tiene la televisión, y por tener un presidente salido desde ahí, parecen ser un medio de dar a conocer a una persona, no para definir una elección.
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